Varias abuelas viudas conversando en un asilo recordaban a sus maridos.
Dice la primera de ellas:
- Manolo era el mejor de los padres y como marido... ays, se me saltan las lágrimas al recordarlo.
La segunda de ellas:
- Pues mi Mariano si que era buen mozo, limpio y trabajador. Todos los días me traía el desayuno a la cama. Era el hombre perfecto.
Así una a una iban añorando a sus parejas, hasta que una de ellas interrumpe:
- El hombre perfecto es aquel que es capaz de traerte el desayuno a la cama: un café en una mano, un zumo de naranja en la otra y ¡12 donuts!
