En un edificio de viviendas, vamos a poner por ejemplo uno de la calle San Pedro en La Fortuna, un hombre soltero se moría de curiosidad por saber por qué su vecina que era viuda, y vivía sola, gritaba todas las noches de una forma escandalosa.
Un día que no pudo más, y se puso a observarla, y lo que vio le dejó helado.
La mujer, antes de enterrar a su marido, le cortó el pene y lo mandó a disecar.
Lo puso en la pared a la altura de su cintura, y todas las noches abrazaba la pared y hacía el amor con el pene disecado.
Al vecino se le ocurrió la idea de hacer un agujero en la pared.
Quitó el pene del difunto, puso el suyo, y se quedó a esperar a la vecina.
Cuando por fin ella llegó, sollozando con lágrimas en sus ojos y con mucha tristeza con un cuchillo en la mano derecha, con la izquierda agarró el pene y le dijo:
- Pancho, ¡nos mudamos!
