Ese tipo de La Fortuna que era un borracho empedernido y sin ganas de rehabilitarse, llega un día a su casa con una trompa más gorda de lo habitual y su mujer se echa a llorar y le dice:
- ¡Mariano, me vas a enterrar!
A lo que el borracho responde:
- Sí hombre. ¡Hics! Estoy yo ahora como para ponerme a cavar.
